La ventana se abrió cautelosamente. Como con intenciones de no ser vistos, unos ojos se asomaron en busca de un poco luz. Se notaba que había sido cerrada hace años sin intenciones de volverse a abrir, ya que los vidrios a medio romper estaban cubiertos con maderas viejas y las bizagras crujieron al más mínimo movimiento. Los ojos sin percatar mi existencia recorrieron todo el espacio en busca de algo, algo que desconozco. De adentro de la habitación salía humo de color verde azulado, como intentando escapar de algún extraño encierro.
El sol desplegaba sus rayos y entregaba calor como un horno prendido en espera de cocinar el próximo platillo. Mi helado comenzó a derretirse por lo que despegué la mirada de la ventana para no perder ni una gota. Volví a mirar y los ojos ya no estaban, es más la ventana había desaparecido, o quizás nunca había estado ahí.