Los senderos se hacían cada vez más angostos y pedregosos, pero eso no lo detendría. Un día se sentó a descansar en una roca al atardecer. Cruzó las piernas, cerró los ojos hasta no escuchar nada más que así mismo. Por algunos minutos logró total conexión con el ser supremo. Luego se levantó para continuar con el largo viaje.
Caminando recordó aquellos tiempos en que intentaba meditar, pero no lograba despejar su mente. Esa situación hizo hervir su sangre más de una vez. Se alejaba de la meta, los vicios aumentaban, mientras su fe disminuía cada día. En esos tiempos su vida era distinta, quizás más fácil. Vivía de las apariencias, había olvidado los valores que su humilde familia le había inculcado en la niñez, sólo le importaba el dinero y su propio bienestar.
Hoy, luego de un inesperado encuentro, había retomado el camino que los astros le indicaban desde su nacimiento. Hoy podía decir con gran certeza que era feliz. Se reflejaba en su aura la paz, la armonía, la tranquilidad de un alma que se rehabilitaba de las impurezas humanas.
Continuó caminando hasta encontrar un lugar donde pasar la noche. Al otro día despertó con el canto de las aves de la zona, canto muy particular, por cierto. Saludó al sol y agradeció a Dios por el nuevo día. Le quedaban sólo dos días para terminar de cruzar el bosque. Llenó si cantimplora con agua que corría por un riachuelo que le conduciría hacía el mar. La costa sería el primer destino de tantos. Ahí conocería nuevas personas, maestros de luz que pasaban inapercibidos entre gente que había olvidado lo que era una simple sonrisa, niños armados que nunca habían conocido el amor...
Caminando recordó aquellos tiempos en que intentaba meditar, pero no lograba despejar su mente. Esa situación hizo hervir su sangre más de una vez. Se alejaba de la meta, los vicios aumentaban, mientras su fe disminuía cada día. En esos tiempos su vida era distinta, quizás más fácil. Vivía de las apariencias, había olvidado los valores que su humilde familia le había inculcado en la niñez, sólo le importaba el dinero y su propio bienestar.
Hoy, luego de un inesperado encuentro, había retomado el camino que los astros le indicaban desde su nacimiento. Hoy podía decir con gran certeza que era feliz. Se reflejaba en su aura la paz, la armonía, la tranquilidad de un alma que se rehabilitaba de las impurezas humanas.
Continuó caminando hasta encontrar un lugar donde pasar la noche. Al otro día despertó con el canto de las aves de la zona, canto muy particular, por cierto. Saludó al sol y agradeció a Dios por el nuevo día. Le quedaban sólo dos días para terminar de cruzar el bosque. Llenó si cantimplora con agua que corría por un riachuelo que le conduciría hacía el mar. La costa sería el primer destino de tantos. Ahí conocería nuevas personas, maestros de luz que pasaban inapercibidos entre gente que había olvidado lo que era una simple sonrisa, niños armados que nunca habían conocido el amor...