El horizonte se lleno de pequeñas nubes alargadas, la brisa movía mi pelo que cubría mis ojos, como intentado no dejarme ver aquella hermosa imagen. Los últimos rayos del sol acariciaban el cielo proyectando sobre las nubecillas maravillosos colores develando las majestuosidades del desierto. Era como estar ahí, volver atrás a aquellos tiempos. En ese momento mi alma se lleno de la luz, cerré los ojos para sentir como la energía que recorría mi cuerpo se fusionaba con la de la tierra. Cuando el sol ya había caído abrí mis ojos y despedí el día.
Así sea.