Desde el otro lado veía un vaso. Un vaso vacío sobre una mesa. Al lado de este vaso había una botella con la etiqueta rasgada para que quien se acercara dudara en beber su contenido. El líquido en su interior era de un leve color azul, inholoro y su sabor… lo desconozco. La mesa en la que se encontraba el vaso estaba cubierta por un trapo que hacía de mantel. Bajo el puente nada se movía, solo había un hombre recostado bajo la mesa buscando cobijo. Sobre el puente todos reían, conversaban de sus vidas, vidas convertidas en palabras, palabras que entraban por los oídos del hombre y le hacían soñar.